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sábado, junio 09, 2007

“el país que queremos vivir”

Como sueño y anhelo se espera un mejoramiento en materia de paz, salud, bienestar, etc., algún tipo de extinción de problemas que inciden en nuestra realidad colombiana.

Como barranquillero la pregunta candente está en la vergüenza de la palestra pública sobre los temas que nos atañen.

Yo prácticamente vivo soñando por emociones, por experiencias que caducan al compararlas con las pocas opciones que percibo de mi ciudad y mi contexto.

Normalmente en comparación con mis conciudadanos, la imagen general percibida es, no de un sueño común, sino personal.

Desde los imaginarios sociales y comunes de nuestra ciudad y país, el soñar como se sabe debe traspasar a acciones.

No sólo no me canso de soñar porque eso me vale para vivir, para comparar y actuar, pero no me sirve mientras esté atado personalmente a situaciones, titulares y acontecimientos que afectan mi vida social y personal.

El soñar no desaparece del panorama, pero junto con metas y aspiraciones, los tres se convierten en instrumento de validación para lo que puede pasar.

No dejo de pensar en que el país se convierta en terreno fértil para que se acabe la guerra, que la suficiente distribución de recursos se convierta en calidad de vida generalizable, si no es para toda la población, la mayoría; que la población se sienta contenta al momento de sentirse dignamente representados en el exterior y en sus localidades.

Sueños que parecieran desaparecer, por el constante bombardeo de nuestra vida personal, pero se sostienen, como rumor ciudadano, porque grandes problemas dan paso a nuevas y grandes soluciones.

Afortunadamente los sueños permiten dar paso a la improvisación, una negación a la planeación de un futuro lleno de expectativas que permite, golpeando simultáneamente los acontecimientos que acarrea la vida, la vuelve impredecible, se convierte natural, se vive natural.

Propuestas para hacer de este sueño realidad: con los abates de la vida, he comprendido que sin sueños significa no tener esperanza, anhelos, fe en lo que se puede creer.

Fe, creencia, anhelo, aspiración, de algún modo ambición, por sustentar en tu vida lo que te complementa como persona, como ser social.

Siempre debatiendo entre “las fe’s” que componen nuestras sociedades, muchas veces sesgadas con un cierto nivel de desasosiego que se convierte de ambición a codicia, vicio y enfermedad.

En algún momento me he preguntado sobre la existencia de la ignorancia, su práctica y su bendita aparición y ejecución en el ser humano. Hace perfecto, la concepción y el proceder del ser humano trastocando cualquier imagen borrosa de abuso de poder y sostenimiento de la sociedad.

Y se cuela porque aunque se va de la mano con el analfabetismo tiene la bondad de ser utilizado como herramienta para darnos cuenta de esa bondad figurativa humana que se mantiene entre nosotros, y que permite a su vez reflejar la esencia misma de una cultura que a falta de opciones de proyectarse, no encuentra ni sensación, ni tradición, ni sencillez.

Entonces sueño, tal vez ciegamente, por más fe, confianza e interés, aspiro que agrupe lo anterior en obras sociales y medio ambientales, y anhelos que no solamente, globalizado el mundo, nos preocupemos por esta tierra natural dependiendo, no sólo adueñándose de ella para mantener nuestro sustento de vida y mantener la ingenuidad animal y natural. Nótese que sin una visión estadística, gradual, ni medida, manejada tangencialmente con la creencia en la creatividad y la fuerza de unión.

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